Estrategia represiva en la movilización 23F en Madrid

La atribución de responsabilidad en la acción violenta es principalmente de quien tiene poder y capacidad para ejercerla, no de quien en menor medida no tiene tal posibilidad.

Al cubrir solo la parte nocturna de la manifestación del 23F, no pude ser testigo de la exitosa congregación de todas las mareas confluyendo por las calles de Madrid, que es realmente lo esencial de las marchas. Lo que se imprime en manifestaciones como esta, es que la gente de todas las franjas de edad, condiciones y diferencias ideológicas, muestran su hartazgo a la dictadura de mercado impuesta desde el Gobierno y que de alguna manera quieren ser partícipes de un cambio.

Haciendo este primer comentario para minimizar la carga sensacionalista que puedan emitir las siguientes imágenes y como parte del entorno libertario al que pertenezco, quiero expresar mi percepción de los hechos, cuando al desempeñar esta labor, peino las calles de arriba a bajo, siguiendo las cargas policiales y las algaradas. Por lo que a mi entender respecta, la policía ha actuado de otra manera a lo que informa la Delegación de Gobierno y no precisamente para evitar que se produzcan cargas.

Sí, es verdad que al caer la noche la manifestación empieza a desvanecerse quedando varios miles de personas entorno a la plaza de Neptuno y sin mostrar una actitud especialmente hostil, continuaron simplemente con la protesta. Al poco tiempo, empiezan los movimientos del desproporcionado destacamento policial apostado por todas las calles aledañas y rodeando todos los lugares de la vía urbana, se ponen en posición, hacen pequeños grupos y avanzan. Los furgones se empiezan a mover a grandes velocidades y empiezan a cortar calles.

Hay quien ve la piedra angular del razonamiento, en si unos empiezan tirando piedras o si son los otros quienes hacen lo propio con las porras. Mi posición no me permite ser omnisciente en todo lo que acaece, aunque esa sea la intención de todo reportero gráfico, pero ni siquiera veo en esto nada tan relevante.

Lo que saco en conclusión global de los hechos, es que si bien se apreciaban decenas de manifestantes oponiendo algún tipo de resistencia a que se les echara radicalmente del lugar para seguir con sus protestas, en contrapartida se veían centenares de agentes policiales desplegados con todo su armamento dispuesto a su uso inminente y cercando a todo el que estuviese en el sitio, con el fin de producir un desalojo de miles de personas en segundos.

El despliegue policial empleado era más propio de un ejercicio militar que policial y eso es en primera instancia lo que empiezo a valorar, la militarización de las fuerzas del orden. Con diferencia de la comidilla que se crea en los medios, sobre quien es el provocador que inicia los altercados, algo que resuelve sin más el medio de comunicación según su linea política, deduzco la orden emitida desde la Delegación de Gobierno, porque es de todos conocido que los antidisturbios actúan supeditados a las órdenes de su superior y así sucesivamente.

Cuadrillas antidisturbios por todos los flancos que intervenían por sorpresa, cargaban indiscriminadamente sobre manifestantes y deteniendo en grupo (imposible en altercados serios). Empujar, empotrar contra las fachadas, pudiendo alterar la seguridad civil. Cargar contra la prensa en cuanto les era posible o documentarlos (algo que no es legal del todo, porque la acreditación periodística no es único documento que te legitima para informar). ¿Que ordenes tuvieron que dar desde Gobierno para tal actuación?

La detención de 40 personas, después de una hora de los primeros incidentes, cuando realmente no se produjeron disturbios serios (dos contenedores quemados, sillas en el suelo y poco más), demuestran las directrices del Gobierno en aplicar por su cuenta el estado de excepción y por ende la criminalización instantánea de cualquier movimiento que se oponga al régimen. Quien haya sido testigo de unas cuantas manifestaciones en el Estado o tira de hemeroteca, se puede comprobar que siendo menos de la mitad de detenidos, hubiera sido por lo menos una batalla campal.

Por si esto no fuera poco, hoy mismo, tres días después y con la excusa de la violencia , están deteniendo con el único argumento de portar explosivos y armas que no fueron usadas siquiera en dicha manifestación. Esta es mi apreciación, en cuanto a la materialización (en las carnes) de los recortes en libertades, de estos últimos tiempos que nos están tocando vivir.

La atribución de responsabilidad en la acción violenta es principalmente de quien tiene poder y capacidad para ejercerla, no de quien en menor medida no tiene tal posibilidad.

Parece ser que el Estado no se conforma con tener responsabilidad directa en los suicidios de la sociedad despojada, también busca poder dar la puntilla final por su propia mano ejecutora y a este paso lo conseguirá.

Carlos Martín (Homer)

 

 

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